El Estado se quedó con unos U$S 7.688 millones de la soja

El esquema perjudica a economías de zonas marginales, dice la Fundación del Tucumán.

Las consecuencias de las retenciones a las exportaciones trascienden los números fiscales. Como todo impuesto, tiene efectos en la asignación de recursos y en los incentivos económicos aparejados, relacionados con decisiones de inversión, ahorro, consumo y otras variables económicas. "Por su naturaleza, las retenciones equivalen a un subsidio al consumo interno, desincentivan la producción, crean ineficiencias en la economía y reducen el volumen de las exportaciones perjudicando la inserción en los mercados internacionales", asevera un estudio del Área de Economía de la Fundación del Tucumán. 

¿Qué significa esto en números? El informe llega a la conclusión de que la quita final por retenciones que sufrieron los productores soja, trigo, maíz y girasol en la Argentina en la última campaña fue de casi U$S 16.500 millones, de los cuales U$S 7.688 millones obtuvo el Estado por el pago del gravamen, mientras que el resto (U$S 8.750 millones) fue transferido a otros agentes económicos o se trata de dinero que directamente no se generó por la pérdida de eficiencia derivada de inversiones que fueron destinadas a otras actividades menos productivas.

"Las retenciones son un impuesto altamente distorsivo porque afectan el corazón de las decisiones económicas: los precios. Afectan a la economía y, además, tienen resultados al menos cuestionables, en lo referido a dos de sus principales propósitos: cuidar los precios de alimentos en el mercado interno y evitar la sojización de las áreas cultivadas", indica Eduardo Robinson, director del área que elaboró el estudio. 

Al estimar los efectos económicos de las retenciones para los principales productos agrícolas (trigo, maíz, soja y trigo) y sus subproductos, el estudio de la Fundación del Tucumán devela que la ganancia excedente del consumidor fue de U$S 5.379 millones. Esto es resultado de la disminución artificial del precio en el mercado interno, como consecuencia de aplicarse una alícuota sobre el precio internacional. 

Entre los "consumidores internos", los principales beneficiarios de este subsidio indirecto son las acopiadoras y aceiteras: el monto percibido fue de U$S 4.521 millones durante 2010. Si se aísla el efecto de la soja para conocer la transferencia indirecta hacia el consumidor interno final (hogares), la ganancia de excedente del consumidor más importante es en maíz, harina de trigo y aceite de girasol, por U$S 500 millones. Es decir, un monto nueve veces menor que el correspondiente a los mencionados sectores del complejo agroindustrial.

Este esquema perjudica principalmente a las economías de zonas marginales, como Tucumán y Santiago del Estero, ya que en estos casos los rindes son menores, pero la alícuota es la misma para grandes y pequeños productores. En el NOA, se estima que la quita fue superior a los U$S 1.000 millones (alrededor de $ 4.000 millones); mientras que de lo distribuido a las provincias en 2010 por el Fondo Federal Solidario de la soja, a Tucumán le correspondieron $ 342,7 millones.

Según un relevamiento efectuado por el Programa de Inserción Agrícola, la Argentina es el país del mundo con retenciones más altas y que más variedad de productos abarcan. Representan alrededor del 12% de la recaudación tributaria del país, y constituyeron el 2,5% del PBI en 2010. "Las retenciones deberían eliminarse mediante un esquema gradual para no desfinanciar abruptamente al fisco", sugiere Robinson.

El aporte que hace el campo del NOA
La contribución de divisas para el país que realizo el NOA desde 2001 al 2010 puede estimarse en U$S 14.650 millones, que es el Valor Bruto de la Producción de granos y oleaginosas (el VBP es igual a la cantidad producida total por el precio FOB internacional, incluyendo el valor bruto de exportaciones y lo comercializado en el mercado interno).