Privilegiar la educación en las políticas de Estado

Por Maximiliano Ferraro para Diario Clarín.

Buenos Aires, 11 de diciembre de 2014

BUENOS AIRES.- Las estadísticas vienen reflejando la precaria situación de la educación en Argentina. Según las cifras que brinda el Ministerio de Educación nacional en el nivel primario desde 2003 a la fecha se fueron de las escuelas más de 300 mil chicos y, específica, que en el último año fueron 50 mil. Por otro lado, según un estudio de la Unesco, Argentina está entre los países con más deserción en la secundaria, solo el 43% de los chicos termina la escuela media en tiempo y forma.

Ante la baja de la matrícula tuvimos la insólita respuesta del Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, quien aseguró que el avance cualitativo del sistema educativo en el país es indudable y que la tasa de escolarización es “casi universal”. No hay forma de corroborar este singular “casi” que aporta el Jefe de Gabinete a la cuestión. Parece que estamos frente al “INDEK” de la Educación, faltos de datos fidedignos y estadísticas serias. En el ámbito educativo el Gobierno nacional tampoco reconoce la crisis. La tasa de educación no puede ser “casi” universal, lo es o no le es, hace años que no nos brindan un número certero sobre la situación educativa. Lo mismo sucede con los índices de pobreza, seguridad e inflación. El gobierno hace oídos sordos a sus propias estadísticas, no asume que la educación está en crisis y este dato es un indicador del problema. Hay que reconocer que enfrentamos un proceso de privatización de la educación y una caída de la imagen institucional de las escuelas públicas. Según el último informe del Centro de Estudios de la Educación Argentina los alumnos que estudian en escuelas privadas tienen el doble de probabilidades de recibirse que los de las públicas.

Debemos reforzar la intención de revertir este proceso privatizador y mejorar la calidad de la educación pública con el claro objetivo de retener a los alumnos. La equidad educativa es la que permite los cambios culturales y el crecimiento de un país. Las políticas educativas asumidas por el Gobierno nacional son insuficientes y no han podido mejorar la desigualdad ni la fragmentación en el sistema, tampoco hay un uso estratégico de los recursos destinados a esta área. Un ejemplo de ello es el aumento de los jóvenes “ni-ni” (jóvenes que ni estudian ni trabajan) hecho que contribuye a la reproducción intergeneracional de la pobreza. Un sistema escolar poco inclusivo y con problemas de calidad educativa no sólo frustra los proyectos de vida, sino que también los excluye del mercado laboral formal.

La joven paquistaní y Premio Nobel de la Paz, Malala Yousafzai, lo dijo con palabras sencillas: “Un niño, un profesor, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo”. Por eso creemos que la educación debe ocupar un lugar privilegiado en las políticas de Estado, como garante de igualdad de oportunidades y construcción de ciudadanía.

*Maximiliano Ferraro, Legislador porteño, vicepresidente de la Comisión de Educación

Fuente: Diario Clarín