Kovadloff: “La política no es la sumisión de los demás a mis ideas”

Invitado por la Fundación del Tucumán, el pensador reflexionó sobre la actualidad nacional ante empresarios durante un desayuno y además, brindó una conferencia abierta al público donde abordó temas como el autoritarismo hasta el uso de la Justicia por parte de poder.

El destacado filósofo y ensayista Santiago Kovadloff pasó por Tucumán, se reunió el pasado viernes con empresarios en un desayuno en el que dejó jugosas definiciones y  por la noche disertó sobre la actualidad nacional, desde su perspectiva, en lo que significó la apertura del ciclo de conferencias que organiza la Fundación del Tucumán que se desarrolló en el hotel Garden Park de la capital tucumana.

Acompañaron al disertante, el titular de la entidad, Jorge Malmierca y el director ejecutivo, Juan Luis Pérez Albert.

Durante el encuentro con los hombres de negocios, Kovadloff reflexionó sobre la contracción “del” que forma parte de nombre de la entidad que organizó el encuentro, y cuyo sentido algutinó el pensamiento de los próceres y marcó el sentido de convergencia que dio paso al sentir nacional.

Luego, cargó contra el anterior gobierno, al que calificó de “caudillesco” y aseguró que el actual gobierno llegó al poder por el hastío de la gente con la administración anterior.

En ese sentido, Kovadloff expresó: “El gobierno nacional no ganó las elecciones, las perdió el kirchnerismo. Tiene que ganar la representatividad de aquellos que lo votaron, pero para eso quienes lo votaron tienen que regirse por algo más que el miedo. Tienen que tener el don de la exigencia, la potencia propia de quien habla en nombre del nosotros y no del yo”.

Y agregó: “Desde esa perspectiva a mí me parece que esta fundación tiene fines de lucro, el lucro que quiere es civismo, ciudadanía, república, ese es el proyecto comercial de esta fundación, es decir, la transformación de la fragmentación estéril en la que hemos perseverado tanto tiempo, en una convergencia que permita que el empresariado lleve al campo del debate público esa cosa extraordinaria que es la exigencia de desarrollo en el campo del conocimiento y de la producción”.

Luego, opinó sobre el sentido de la política: “La Argentina es un país que tiene muy pocas expresiones políticas, tiene expresiones de intolerancia sectorial. Hacer política es sentarme con aquel con el que no me entiendo porque no coincidimos y generar escenarios comunes en función del desarrollo parcial de nuestras ideas y del desarrollo total de nuestro proyecto como argentinos. Eso es la política, no es la sumisión de los demás a mis ideas. Aprender a debatir es aprender que es la república, primero una república”.

Tarea impostergable

A última hora del viernes, Kovadloff desarrolló su conferencia “Argentina, una tarea impostergable”, ante el público general, entre los que se encontraban el arzobispo de Tucumán, monseñor Alfredo Zecca y el presidente de la Federación Económica de Tucumán, Héctor Viñuales, entre otras personalidades.

En su alocución de una hora, el ensayista navegó sobre las aguas de nuestra historia, a partir del siglo 19 y dejó en claro su posición contra el llamado populismo en favor de los regímenes de derecha, a los uqe llama “republicanos”.

Enfocó el escenario internacional de esta manera: “Está la tercera guerra mundial en curso, cuya singularidad consiste en que ha abandonado las formas de presión tradicionales, es decir, la confrontación de ejércitos definidos por sus uniformes y sus tropas manifiestas para ingresar al terreno de lo implícito, lo clandestino y del asesinato individualizado, el uno por uno, el terrorismo; con el aporte, que complejiza n poco más el panorama, con  una idea hasta ahora  poco frecuentada por parte de los enemigos de occidente que es la de la rentabilidad de la muerte;  es decir, en la conveniencia de morir en la práctica de los atentados, ya no se trata de destruir al enemigo sino de destruirlo destruyéndose, porque esa muerte es la que respalda la idoneidad del emprendimiento terrorista, y a ello sumémosle la configuración reciente de un nuevo líder mundial llamado China; es decir, un régimen capitalista que no representa los valores de la democracia política republicana sino representada por un partido único , un silenciamiento decidido de la opinión personal  y la uniformización del punto de vista”.

Más adelante, razonó que “en la lengua humana no existen los sinónimos en el sentido estricto; los significados varías de conformidad con aquello que se quiere decir y con la evidencia de que no podemos tratar de terminar de atrapar en las palabras lo que las cosas significan”.

Agregó que “los regímenes autoritarios no toleran la ambigüedad del lenguaje; establece lo que quiere decir cada palabra y al que no coincide se le pone un revolver en la mesa como hizo el tal Moreno”.

“En consecuencia, -aseguró- el rasgo distintivo en los regímenes autoritarios es la ausencia de discusión, no hay adversarios”.

Sobre la educación, dijo que “un maestro no es alguien que transmite un contenido sino alguien que transmite la emoción de saber; un alumno aprende cuando esa emoción llega hasta él como una donación “.

Finalmente,   cerró la conferencia con una profunda reflexión sobre la relación de la Justicia con el poder: “La Argentina es un país que aún vive fuera de la ley porque la ha reducido a la necesidad del poder político de turno, al Estado, a las prioridades de partido gobernante, a la estructura del Estado, a las prioridades del Poder Ejecutivo, a la pobreza la ha reducido a un instrumento de la política y a la riqueza a otro instrumento de la política mediante prebendas de otra índole que es privilegiar segmentadamente a quienes unidos podrían representar proyectos de Nación como por ejemplo los empresarios. La Justicia es la conciencia de esa enajenación en nombre de algo que se llama la Ley que es primeramente la conciencia de una ausencia, es decir de una conducta cívica que está ausente; lo primero que nos viene a decir la Justicia es no al incumplimiento de ella que consiste en supeditar la Ley al poder; la segunda cosa que nos enseña la Justicia es que ella no tiene la verdad sino que representa la posibilidad de que la verdad haya sido meditada concienzuda, paciente, largamente y representada por las voces de la más alta autoridad no como expresión de una verdad que es inamovible sino que genera soportes institucionales que garantizan la estabilidad mínima de una Nación en el cumplimiento  de la Ley, que es la idea de que el poder siempre va a buscar su interés y la Ley el bien común. Vivir para intentar que se cumpla se llama vocación republicana y democracia equitativa”